
El cerebro es un órgano que controla nuestras emociones, nuestra percepción de las cosas, nuestra conducta, nuestros pensamientos y nuestros estados de ánimo. Este preciado órgano que nos permite interactuar con la realidad tiene una barrera que selecciona los nutrientes que son adecuados para que funcione bien. El problema llega cuando estos nutrientes o alimentos que ingerimos no benefician en nada a nuestra mente provocando alteraciones en las emociones, en el pensamiento debido a desequilibrios neuroquímicos.
Se sabe que en nuestro cerebro existen tres neurotransmisores químicos que se crean a partir del alimento que comemos. Estos tres son la norepinefrina, la dopamina y la serotonina. Se sabe también que la dopamina y la norepinefrina son los dos neurotransmisores que generan el estado de alerta. Cuando estos se encuentran en el cerebro se pueden captar cambios en la conducta y en el estado de ánimo. Normalmente pensamos de manera más ágil, reaccionamos antes ante los estímulos, sentimos tener mayor atención y energía mental. En cuanto a la serotonina., se sabe que interviene de manera determinante en la calma. Gracias a la serotonina la tensión disminuye y se facilita la concentración. También hace más tardías las respuestas y a veces puede generar pasividad o somnolencia.
El cerebro sintetiza dopamina, serotonina y norepinefrina a partir de ciertas sustancias químicas que contienen nitrógeno y que dan lugar al nacimiento de las proteínas. Estas proteínas, son un elemento indispensable para nuestras células. Son el alimento de estas. Las causas de un posible trastorno mental o simplemente de estados anímicos bajos pueden ser múltiples. Puede deberse a una vida llena de excesos. A una vida donde te han tratado mal. Puede que sea por haber recibido abusos. Por grandes decepciones. Por cualquier cosa un poco o bastante traumática. Podemos enfermar realmente por cualquier cosa sino estamos bien protegidos.
Según varios estudios se calcula que la causa de un 75% de los trastornos emocionales como la ansiedad o incluso la depresión, pueden estar directa o indirectamente relacionados con nuestro segundo cerebro. El del estómago, que se halla en nuestro abdomen. En él se produce la mayor parte de la serotonina de nuestro organismo. La serotonina es una hormona que nos ayuda a conciliar el sueño fisiológico e interviene en el placer. Tener esta zona desequilibrada deriva en problemas mentales y en enfermedades psicológicas a largo plazo si no se pone remedio.
En el caso de enfermedades digestivas como la gastritis o el reflujo gastroesofágico, un importante autor de estudios de renombre, Mayer mantiene que la agitación intestinal que producen estas infecciones puede manipular y modelar nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar emocional. Otro autor, Gershon, apunta al nervio vago como el principal culpable de todo. Recordemos que este nervio une al cerebro con nuestro estomago de forma directa. Lo que hace es estimular nuestra mente debido a las bacterias que lo rodean. Hay que recordar que el 90% de nuestras células son bacterias. Y estas son altamente sensibles a lo que recibimos de la alimentación. Se nutren de lo que ingerimos. Por lo que, es brutal el impacto de la alimentación en todos los aspectos de nuestra vida. Parece una tontería, pero lo que comes determina en parte cómo te relacionas con los que más quieres. Y todos sabemos que puede pasarnos factura hacerlo de una manera o de otra. Estar abandonado a lo que haya en la nevera y comerte lo primero que veas puede suponer mucho. Hay que despertar. Merecemos mejores relaciones con la gente a la que amamos. Hacedlo por vosotros. Pero si no es una motivación hacerlo por ti… ¿Por qué no lo haces por tu familia? ¿Por tu mujer? ¿Por tus hijos?
Fuente: Alimentos Psicológicos
